... mi aniversario



Presumiblemente hoy no me hubiera plantado delante de una hoja a plasmar mis reflexiones. Seguramente hubiera entornado los ojos y me hubiera dejado seducir por los socarrones rayos del sol y el zumbido de avispas y moscas. Sin embargo, hoy es el aniversario de mi accidente, un acontecimiento preferiblemente olvidable y, por el contrario, absolutamente inolvidable.
No me siento triste. No me siento sola. Más bien poseo una energía que me empuja a emprender nuevos horizontes. Energía con la que no contaba el año pasado, ya que mi espíritu vagaba en la rutina.
Romper con la monotonía, ésa sería mi reflexión del día. Buscar esa chispa que ilumine tu vida, perseguir ese sueño que alimente tu alma, vivir con pasión cada instante. Como Nuria López escribió en Voz de Ángel: "... la felicidad que llegará a ti en cuanto vivas intensamente cada nuevo día".
Rendirse ante la autocompasión suele ser un mal remedio. Encerrarse en la melancolía suele ser un pésimo consejero. Y abandonarse en la rutina puede ser el principio de ese pozo llamado depresión.
El año pasado rememoraba con una mezcla de tristeza y desilusión las ausencias. ¡Tanto como habíamos compartido y apenas perduraban los recuerdos! ¿Cómo se pueden perder unos lazos que presentía eternos?
Sigo pensando lo mismo, obviamente me apena esa dejadez. Sin embargo, no me hiere, me he enfrascado tanto en otros proyectos que he optado por desdeñar viejas contiendas y esmerarme en estas nuevas metas.
Peco de sinceridad, así que también diré: desdeño que no olvido. Olvido que no siempre perdón.


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