Los problemas nunca ayudan a la convivencia. ¿Qué sucede cuando el pilar de una casa se viene abajo? Todos deben ir a una, volcarse como una piña y colocar algún remache si queremos evitar que todo se derrumbe. Sin embargo, fácilmente pronto llegarán las desavenencias porque, con frecuencia, todos nos creemos en posesión de la razón, todos queremos mandar y ninguno obedecer.
¿Dónde está entonces ese amor? ¿Fallece? ¿Flaquea? Se pone a prueba esos sentimientos que muchos antes apostarían ser imperecederos.
La vida es una evolución constante y la capacidad de cada uno en asumir el nuevo rumbo definirá en sí su fortaleza y entereza. Pero la reacción de cada uno es siempre diferente y el entorno puede ayudar a acabar de hundirle aún más.
Cuántas parejas no se tambalearán con lo que en sí es un acontecimiento memorable: la llegada de un hijo. Implica una gran dosis de responsabilidad y entrega; no obstante, a menudo afloran unos celos, cuestionables y criticables, y un egoísmo que mina poco a poco la relación.
Puede aparecer entonces un distanciamiento, solapado en parte por una mezcla rara que muchos llamaremos cariño y, quién sabe, sino será sólo costumbre o comodidad.
La verdad es que a todos nos cuesta aceptar que hemos fracasado.


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