Hoy es uno de aquellos días en los que me he sentido especialmente agobiada. Tal vez me he acomodado a un ritmo de vida bajo el que me siento segura y cualquier otro cambio, otra novedad distinta, me supone un trastorno mental y estresante. Soy mujer de costumbres y, aunque no en exceso, más organizada que ordenada, pero que ve como la impotencia personal y ajena le desmontan sus planes, sus tareas... en definitiva, su rutina.
Cuando hoy me he levantado, no había luz. Tampoco me ha importunado mucho pues era una mañana dedicada a visitas médicas.
Tan sólo llegar hemos solicitado las recetas a las chicas del mostrador y he ahí mi primera sorpresa: la doctora no era mi doctora.
"No visitará más", me han dicho.
¡Cómo! No hacía ni una semana de nuestra anterior visita y en aquel momento no nos dijo nada.
Después me he enterado que su marcha no era tal marcha sino un ascenso como coordinadora. Egoístamente me duele, aunque sólo puedo darle la enhorabuena.
Espera en la sala. Destemple en el cuerpo. Barullo de gente. Espera. Espera. ¿Qué hora es? Se retrasa la enfermera, ¡no llegaremos a la hora de la doctora! ¿Qué hora es?, pregunto de nuevo.
Entramos con enfermera. "Venimos sólo a mirar la tensión", imagino yo alegremente. Carmen tensión alta. No comer sal, no comer grasas, no bollería, no conservas, no fritos, no rebozados, no embutidos, no quesos... "¿Qué comer?", pienso para mí... y hacer ejercicio. Tomar pastilla... y protocolo de hipertenso: a los 15 días visita para tomar de nuevo la tensión; un análisis de sangre y de orina en un mes; a los 15 días, ya con los resultados de la analítica, pedir visita para la doctora, pero media hora antes visitarse también con la enfermera para hacerse un electrocardiograma y tomar de nuevo la tensión. ¿Entendido? Todos asentimos.
Siguiente, Servando. Diabético... seguir protocolo de diabéticos: dos análisis anuales, por tanto le toca en Julio... adelantarlo entonces para hacerlo coincidir con Carmen. ¿Optiometría?, pregunta la enfermera. Mi padre se hace el sordo, ¿serán los tapones de los oídos que le han de quitar... o no quiere confesar que no quería hacerla?
¡Traedme la petición cuando Carmen venga a tomarse la presión!
Estos papeles los entregáis a las chicas del mostrador, os darán hora, os lleváis los papeles y los traeréis el día en análisis...
Este tubito para la ti, Carmen...

La enfermera sale un segundo. Mi padre se confiesa: vosotras acordaos de lo que podáis, porque yo ya no me acuerdo de nada.
Hoy era un día de visita de médicos... ahora recuerdo porque procuro ir lo menos posible: porque sales peor que has entrado.


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