Últimamente en algunos foros o artículos he visto como se empleaba el término de diversidad funcional para referirse a la discapacidad.
Francamente, sería capaz de debatir por mil aspectos diferentes pero, aunque me disgustan y no comparto vocablos tales como "minusválidos" o " inútil ", no soy tan tiquismiquis como para discutir por los distintos motes que prefiramos darle. Creo que cada uno es muy libre de designar las cosas tal como le plazca.
Discapacidad, movilidad reducida y cualquier otro que nos inventemos, ya sea por ejemplo el de diversidad funcional, tienen en definitiva un punto de partida: una persona, y nos guste o no, una realidad: ciertas limitaciones.
Durante mi vida he aprendido que hiere más un tono que una palabra en sí y que con frecuencia éstas se desvanecen ante los hechos.
Seguramente yo esté equivocada, sin embargo, detrás de esa "diversidad funcional " corremos el riesgo de pretender ocultar o negar lo que en sí es nuestra vida.
No importa como lo llamemos mientras afrontemos y luchemos por un mejor día a día. Por ejemplo, no es que por una diversidad funcional coja un tenedor con la mano izquierda cuando mi costumbre era hacerlo con la derecha... Es que no lo cojo.
Así que, personalmente, no me considero con diversidad funcional, porque para ser honesta mi funcionalidad física es prácticamente nula.
No obstante, nadie me quita el orgullo de saberme más útil y más válida que muchos de los que no tienen una tetraplejía u otra cualquier otra discapacidad.
La vida es una prueba constante donde debemos mostrar cuál es realmente nuestro arrojo y valía.
Como escribí en mi primer libro RETALES DE UNA VIDA (y que ahora podéis leer en esta web), si alguna manera me quieren llamar, mi nombre es Dolores.


blog comments powered by Disqus