Hay noticias que por su calibre más que sonrojarme, me indignan.
No es que en sí me moleste demasiado que al presidente de algún país lo retoquen en alguna fotografía, aunque no comprendo que ese detalle adquiera un valor periodístico. ¿A quién no le gusta salir favorecido?
Sin embargo, son otros mensajes subliminales los que se entrevén de ese mero photoshop y que, en definitiva, nos revelan la doble moral con la que jugamos diariamente.
Me reitero nuevamente, me sorprende que se dedique ni siquiera unos minutos de un noticiario a mostrar un presidente haciendo footing o pescando. ¿Es acaso una razón de estado? Creo que desempeña, o debería desempeñar, unas funciones muchísimo más primordiales para el buen desarrollo de un país y, si sólo por su aspecto físico consigue mayor popularidad, tendríamos todos que autocuestionarnos en qué hemos fallado, porque no viviríamos entonces en una democracia sino bajo la dictadura de la apariencia.
¿Es acaso reprochable o un pecado lucir algún michelín de más? En absoluto. Luego, ¿por qué transmitir un mensaje equivocado a todos esos adolescentes que castigan y torturan su propio cuerpo por cumplir con los cánones de belleza?
Qué mejor ejemplo que un presidente en todo su esplendor, hablando de deporte como sinónimo de salud, y sin avergonzarse de sus kilos de más.
Francamente, ¿no nos escondemos bajo la hipocresía? Cuántas veces habremos escuchado que la moda es la culpable de los trastornos alimenticios... ¿no será que de un modo u otro todos los fomentamos ya sea con un comentario jocoso, con burlas innecesarias o corrigiendo simplemente una silueta mediante ordenador?
La bulimia y la anorexia causan estragos tanto en quienes lo padecen como en quienes los rodean.
Quizás convendría que entre todos tomáramos conciencia y, dejando la hipocresía a un lado, estudiáramos nuestra responsabilidad.
Cuando alguien, niño-niña, mujer-hombre, se provoca el vómito o deja de comer, no hace falta ser sicóloga para aventurar que tiene su autoestima por los suelos.
Solemos suponer que a nosotros nunca no sucederá nada. Craso error. La mente es tan compleja que quizás mañana seamos nosotros los que pongamos en tela de juicio nuestra valía.
Todos perseguimos una perfección inexistente e imaginamos que con eso o aquello la infelicidad se borra de nuestro rostro... pero aquél eso o aquello se vuelve insuficiente y somos imbuidos en una noria que no tiene fin.
¿No habremos subestimado principios morales tan básicos como la honradez, la honestidad, la solidaridad... entre otros muchos, recreándonos únicamente en el culto al cuerpo?
Hoy puedo, con un suspiro de tranquilidad, reconocer que estuve a un tris de caer en la bulimia. En aquellos años nadie hablaba de ella, no porque no existiera, sino porque no se consideraba una enfermedad. Con la madurez del ahora, intuyo que pensaba que si perdía esoskilos que con dietas se me resistían, me liberaría de mis miedos al ridículo y de mis complejos.
Pero la seguridad no se gana con unos kilos de menos sino confiando en ti mismo, disfrutando de todo lo que haces, de todo lo que vives, porque crees en tus posibilidades y te valoras.
Aprender esa lección a veces cuesta la vida.


blog comments powered by Disqus