Aquel 23 de abril de 2004 conocí a un escritor de renombre: Manuel Rivas. Sin embargo, fue días después cuando me sorprendió que con su relativa juventud estuviera reflejada su obra en la Biblioteca Encarta:
Manuel Rivas (1957- ), novelista español, uno de los narradores más importantes de la literatura contemporánea en lengua gallega... Ha cultivado diversos géneros, como el periodismo, el cuento, el ensayo, la poesía y la novela. Desde muy joven trabajó en prensa y ha colaborado en diversos medios... Ha recogido buena parte de su labor periodística en los libros Galicia, el bonsái atlántico (1989); Toxos e flores (1992); El periodismo es un cuento (1997) y Galicia, Galicia (2001). También ha trabajado como guionista para la televisión y el cine. Una parte de su poesía está publicada en la antología El pueblo de la noche (1997).
Conocido sobre todo por su obra narrativa, ha publicado varias novelas y libros de relatos. Uno de estos últimos, La lengua de las mariposas, perteneciente al libro ¿Qué me quieres, amor? (1995, premio Nacional de Narrativa), fue adaptado al cine por José Luis Cuerda y Rafael Azcona, con gran éxito de público y crítica...

Ignorante de mí, ¡y yo no sabía quién era!
Tuve la suerte de poder charlar con él algunos minutos. No muchos, porque se le agolpaba cada vez más gente para la firma de libros, pero los suficientes para que me formulase una pregunta: "No tienes la sensación de escribir siempre sobre lo mismo".
Si echo la vista atrás, más que una respuesta me parece una perogrullada, aunque todavía recuerdo lo que le contesté: "No. Sólo escribo lo que me apetece. Cuando no sea así dejaré de hacerlo."
Sí, casi me sonrojo, en aquel momento podrían haberse malinterpretado mis palabras, confundiéndose con un exceso de engreimiento.
Parecería como si una aficionada diera consejos a un profesional. Realmente únicamente fue una declaración de intenciones.
Por aquella época, ¿qué era lo verdaderamente importante? La vida. No hacía tantos meses que le habían diagnosticado un cáncer de colon a mi padre y sobrellevaba bastante bien la quimioterapia. ¿Importaban tanto las negativas de editoriales o la venta de ejemplares en aquellos instantes? Os mentiría si dijera que no me afectaban, obviamente sí, aunque de una forma relativa.
Nunca rompí a llorar, y eso que soy de lágrima fácil, ni mi corazón se encogía en un puño mientras alguien me abría el sobre... sin embargo, en mis adentros me mentalizaba para no decaer ante aquellas excusas. Sería muy hipócritas y negará que con cada carta se desvanecía parte de mi sueño... ¡está bien!... también he de confesar que me juré no volver a leer ningún libro como nadie publicara mi manuscrito. Por fortuna estaba allí, al lado de un gran escritor, porque había encontrado un editorial, el apoyo de una empresa y manos amigas como la de Jesús López Quiles, que se dejaron el alma por cumplir mi sueño.
Por eso cuando Manuel Rivas me preguntó aquello, no contestó mi inmodestia ni mi pedantería. Había luchado hasta el hartazgo por aquella ilusión y volvería hacerlo si fuera preciso. Pero me conozco y, en aquel entonces igual que hoy, sabía que nunca plantaría batalla por algo que no me llenara y no me diera vida.


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